Los cientÃficos se valoran entre ellos (¿quién más podrÃa hacerlo?)  y lo hacen en función de sus publicaciones y de las veces que éstas son citadas (¿será ése el mejor Ãndice?). Ocurre que los medios en los que publican, son en algún grado sensibles al impacto mediático. AsÃ, las publicaciones que pudieran tener mayor impacto en el gran público, pueden ser preferidas por las revistas que se dedican exclusivamente a publicaciones cientÃficas.
Consecuencia: una “perversión” del sistema,  tiende a propiciar que los cientÃficos elijan su área de investigación en función de su posible repercusión mediática, en lugar de hacerlo prioritariamente por el afán de conocer mejor la naturaleza.  Tomado de MADRI+D:
La mejor ciencia no es siempre la que más figura en los medios de comunicación
En los resultados cientÃficos actuales no existe un claro protagonista y, muchas veces, los investigadores usan a los medios para concederse una importancia que, cientÃficamente, no poseen. Esa es una de las principales conclusiones de un estudio de un profesor de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) que analiza la presencia mediática de la ciencia.
FUENTE | UC3M – mi+d                                    23/03/2009
En la ciencia resulta muy complejo decidir quién es un buen cientÃfico. En la actualidad, los cientÃficos se valoran entre ellos en función de sus publicaciones y, sobre todo, del Ãndice de impacto cientÃfico (o SCI, Science Citation Index), asà como del número de veces que cada trabajo y cientÃfico sean citados. “El problema es que este sistema de citas puede ser pervertido si los trabajos cientÃficos son objeto de noticia periodÃstica en los medios de comunicación de masas, porque algunos estudios previos demuestran que existe una relación directa entre publicar en prensa los resultados cientÃficos y su posterior incremento del Ãndice SCI”, explica el autor de la investigación, Carlos ElÃas, Profesor Titular de Periodismo en la UC3M.
El objetivo del trabajo, que ha publicado como carta editorializante en el Journal of Science Communication, busca analizar si este fenómeno puede propiciar que los cientÃficos elijan su área de investigación en función de su posible repercusión mediática, en lugar de hacerlo prioritariamente por el afán de conocer mejor la naturaleza.
Para probar esta hipótesis en este estudio el profesor ElÃas seleccionó varios trabajos de investigación que habÃan sido publicados en Nature, considerada como una de las mejores revistas cientÃficas del mundo, y los envió a tres investigadores españoles para que evaluaran el interés cientÃfico de 1 a 10. Después, se seleccionaron como “caso de estudio” aquellos que obtuvieron una puntuación por debajo de 5, a excepción del artÃculo sobre la clonación de la oveja Dolly, porque se querÃa valorar la repercusión profesional que a un cientÃfico le puede reportar convertirse en ‘estrella mediática’. “La elección de Nature también proviene porque durante una estancia de investigación en Londres pude analizar cómo funciona el gabinete de prensa de esta revista y cómo eligen las noticias”, aclara ElÃas, que es licenciado en QuÃmicas y Periodismo por la Universidad de La Laguna.
Una de las conclusiones de este trabajo es que el excesivo interés en los factores de impacto de las revistas puede llevar a éstas a publicar investigaciones poco relevantes cientÃficamente pero muy fáciles de colocar en los medios para aumentar asà su Ãndice de impacto. “Como el Ãndice de impacto de la revista se mide en función de cuántas veces han sido citados sus artÃculos en otras publicaciones, si la revista consigue colocarlos en la prensa, sabrá que para el año siguiente obtendrá un mayor Ãndice SCI, lo que implicará que los mejores cientÃficos querrán publicar en ella, por lo que esta dinámica circular se incrementará a su favor”, explica el profesor ElÃas. Esto provoca que muchas veces sean criterios de ‘noticiabilidad’ los que imperan a la hora de seleccionar sus artÃculos para los comunicados de prensa e incluso para la propia aceptación del artÃculo cientÃfico, lo que puede constituir una perversión del sistema cientÃfico actual, según el investigador. Esta es una de las principales razones, señala ElÃas, por las que las grandes revistas cientÃficas, como la inglesa Nature o la norteamericana Science, dedican un gran esfuerzo a sus gabinetes de prensa, la comunicación mediática y las relaciones públicas.
Otra de las conclusiones que ha extraÃdo este investigador de la ciencia y cultura mediática es que los cientÃficos deben tener mucho cuidado con el uso de los medios de comunicación, porque se les puede volver en su contra. En el caso de Willmut, el considerado como creador de la oveja clonada Dolly, la exposición mediática supuso la destrucción del equipo de investigación. El efecto mediático funciono a su favor: se le concedió el prestigioso galardón alemán Paul Erlich y fue nombrado director del nuevo centro de Medicina Regenerativa de la Universidad de Edimburgo, uno de los pocos a los que el gobierno británico concedió permiso para clonar embriones humanos. Sin embargo, el cientÃfico que más se habÃa volcado en el proyecto de Dolly, Keith Campbell, que aportó más de la mitad de todo el trabajo, no recibió tantos elogios.
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